¿Te ha pasado alguna vez que pisas una playa y, en ese mismo instante, sabes que te va a marcar para siempre? Eso me pasó la primera vez que mis pies se hundieron en la arena negra de Playa de la Arena . Era una tarde de finales de otoño, pero el sol de Tenerife me envolvía con la misma calidez de un verano eterno. El contraste entre el azul intenso del Atlántico y el negro volcánico de la orilla era tan brutalmente bonito que se me quedó grabado en la retina como una postal viva. Puerto de Santiago no era solo un punto en el mapa: era una explosión de sensaciones. Olía a salitre y pescado fresco, se escuchaba el rumor constante de las olas rompiendo contra las rocas y se respiraba esa paz que solo se encuentra en los rincones auténticos del suroeste de Tenerife. Y lo mejor de todo… este lugar no solo cumplió lo que prometía: lo superó con creces. Un Paseo por la Historia y la Cultura Canario Puerto de Santiago, aunque hoy bulle de vida turística, guarda en su esencia la humildad...
De Madrid a USA
Un viaje por el nuevo mundo y el viejo mundo.