El sol de California, templado por la brisa del Pacífico, acaricia los viñedos de Rutherford de una manera que pocas veces he sentido. Recuerdo el aroma a tierra húmeda y a uva madura que me envolvió al bajar del coche, una sinfonía olfativa que prometía algo extraordinario. La imponente fachada de piedra del Château Inglenook se alzaba majestuosa, casi como un decorado cinematográfico, pero con la gravitas de una historia forjada a lo largo de más de un siglo. Era como si cada piedra susurrara leyendas de cosechas pasadas, de sueños ambiciosos y de la pasión inquebrantable por el vino. Esa primera impresión, ese suspiro de asombro, fue solo el preludio de una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido en el corazón de Napa Valley. Tras las Copas: Una Historia de Pasión y Legado La historia de Inglenook no es una más en el mapa vinícola de California; es un pilar, una saga de visión y restauración que ha marcado un antes y un después. Todo comenzó en 1879, cuando un capit...
De Madrid a USA
Un viaje por el nuevo mundo y el viejo mundo.