Recuerdo perfectamente la primera vez que mis ojos se posaron sobre Castril. Tras conducir por carreteras serpenteantes que atraviesan el norte de la provincia de Granada, el pueblo aparece de repente como una aparición cinematográfica: un puñado de casas blancas aferradas a una inmensa mole de piedra caliza, desafiando la gravedad sobre el cañón del río que le da nombre. El aire, frío y puro incluso a media mañana, traía consigo el aroma a leña quemada y al musgo húmedo de la sierra. No fue solo el paisaje lo que me captivó, sino el silencio. En Castril, el tiempo no pasa, simplemente se detiene para dejarte disfrutar de la esencia de la vida rural andaluza. Un Legado entre Piedras y Leyendas La identidad de Castril está esculpida en su geografía. Su nombre, que proviene del árabe "Qastall" , nos traslada directamente al periodo nazarí, cuando este lugar no era un simple pueblo de montaña, sino una posición defensiva estratégica de vital importancia. Esta herencia se resp...
De Madrid a USA
Un viaje por el nuevo mundo y el viejo mundo.